Sin pasillo y con paredes: el Madrid de Vinícius atrasa el alirón

Vinícius y la plantilla del Real Madrid / Vía X/@Realmadrid

El Real Madrid se niega a entregar la Liga sin pelear hasta el final. En Cornellà, ante el RCD Espanyol, los blancos firmaron una victoria (0-2) que tiene un nombre propio: Vinícius Júnior. El brasileño, tantas veces discutido por sus altibajos, respondió con fútbol, goles y liderazgo en una noche en la que el equipo necesitaba a su estrella.

Porque el contexto apretaba. El triunfo del FC Barcelona horas antes dejaba al Madrid sin margen de error. Ganar era obligatorio para evitar el alirón azulgrana… y Vini asumió la responsabilidad. Lo hizo además en un partido que tuvo dos caras muy marcadas, una gris y otra luminosa, como el propio jugador.

La primera mitad fue espesa, casi intrascendente. Al Madrid le costó generar, le faltó ritmo y claridad, y el Espanyol resistía sin demasiados apuros. Sin embargo, hubo un matiz interesante que acabaría siendo decisivo: el recurso a la pared, una jugada simple pero poco habitual en este Madrid durante la temporada. En un equipo más acostumbrado a transiciones y acciones individuales, esa conexión rápida entre compañeros empezó a abrir grietas.

De nuevo el mejor Vinícius

Tras el descanso, todo se aceleró. Y ahí emergió Vinícius. El primer gol llegó precisamente tras una pared bien ejecutada que descolocó a la defensa y dejó al brasileño en ventaja. El segundo, aunque más individual en su finalización, también nació de una acción colectiva ágil. Fue el reflejo de un Madrid más dinámico, más preciso en espacios cortos, y con un Vini decisivo, centrado en lo que realmente marca diferencias.

Y ahí está la clave. Este Vinicius (el bueno) es imparable. El que deja de lado las protestas, los piques constantes y esa versión más caótica que tantas veces le penaliza. Porque también hubo de lo otro: roces, tensión, algún enganchón típico en su juego. Pero esta vez no le sacaron del partido. Esta vez, todo quedó subordinado a su fútbol.

La victoria tiene un valor que va más allá de los tres puntos. El Real Madrid retrasa el alirón del Barça y mantiene viva una Liga que parecía sentenciada. No depende de sí mismo, pero obliga a mirar al calendario… y al próximo domingo.

Porque lo que viene es un Clásico con aroma de final. El Barça llegará con la posibilidad de proclamarse campeón en casa del eterno rival. El Madrid, con la oportunidad de impedirlo y alargar una pelea que ya parece tener vencedor. No habrá pasillo, habrá una lucha formidable.

La Liga sigue abierta. Quizá contra pronóstico, quizá agarrada con alfileres, pero viva. Y si algo dejó este partido es una idea clara: si el Madrid encuentra caminos colectivos (como esas paredes que tanto se echaban de menos) y si Vinícius mantiene esta versión competitiva, el desenlace aún puede tener que esperar más.

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