“Ustedes contrataron un tipo que se llama Marcelo “El Loco” Bielsa, lo dice en el contrato y ustedes lo firmaron”. Así decía Emilio Moreira, un influencer argentino, sobre lo que pasaría con el destino de Uruguay en esta copa del mundo. Está claro que fue un adelantado.
Empate Uruguay – cabo verde
— ElBuni (@therealbuni) June 22, 2026
Oficialmente se vino la bielseada pic.twitter.com/Nzr8pF1894
El Mundial de Uruguay ha sido decepcionante por varios motivos. Un paso turbulento en el que mucha gente ha apuntado al seleccionador. Bielsa cogió a la selección en mayo de 2023, con la esperanza de que, tras la marcha de Diego Alonso marcada por la salida en fase de grupos del Mundial de Catar, la selección volviera a los días de gloria. Durante un rato, al menos lo fueron.
Un gran inicio
La primera Uruguay del “loco” era su extensión en el campo. Un equipo luchador que parecía que había fusionado lo mejor de la “garra” charrúa con la intensidad física y emocional del estilo “bielsista”.
La “celeste” era la selección a seguir en Sudamérica, llevándose por delante a Brasil en el Centenario y ganándole a Argentina en “La Bombonera”. 0-2 en un partido que llamó la atención de cara a lo que podía pasar en la Copa América de 2024. Uruguay siguió de dulce, eliminando a penaltis a Brasil pero cayendo en semifinales ante Colombia. La derrota vino precedida de una rueda de prensa histórica de Bielsa. En ella dejó a Estados Unidos en evidencia sobre la organización del torneo e incluso los intereses por lo que había perseguido a la anterior gerencia de la FIFA, en el conocido “FifaGate”.
El «caso» Suárez
El técnico dio la cara por los suyos. Defendió a muerte a sus jugadores y a la federación, pero en vez de apoyarle de vuelta, un grupo liderado por Luis Suárez abrió la herida que hizo a este equipo llegar en esas condiciones al Mundial. Cuando el “pistolero” anunció su retirada de la selección, declaró que “podría escribir un libro sobre la Copa América” criticando a Bielsa a nivel humano. También habló sobre situaciones de la pasada concentración en las que por ejemplo no saludaba por las mañanas. Otra anécdota fue en la famosa victoria 0-2 ante Argentina donde el entrenador decidió abroncar a Darwin hasta sacarle una lágrima y Suárez fue a animarle. Tras ser la figura en el segundo tiempo, Luis habló con Marcelo y “El Loco” recalcó lo de la arenga y que por eso mirara lo que “corrió en el segundo tiempo”, Bielsa en estado puro.
Esto abrió una herida que no se cerró. A mayores, en el parón de octubre Uruguay perdió 5-1 ante Estados Unidos. La derrota encendió todas las alarmas y provocó que se hablara de una destitución que, con un contrato de 12 millones al año era complicada que pasara. Las declaraciones de Suárez además no ayudaron a que, cuando amagó con volver y se dejó querer para que le convocasen al Mundial, Bielsa pasara de él, pero el conflicto estaba abierto y muy vivo. Leyendas como Lugano o Forlán se posicionaron del lado de Suárez, igual que algunos jugadores, y con ese ambiente es complicado llegar a un torneo y hacerlo bien.
El Mundial, lo esperado con “líderes” como Valverde o Araújo
Lo bueno que consiguió Marcelo Bielsa fue el desarrollo de ciertos jugadores, como Maxi Araújo o Canobbio, al que por ejemplo obligó a hacer de sparring, en uno de esos casos graves que relató Suárez. Ellos 2 fueron de lo poco salvable de Uruguay en el Mundial, pero es que al final la “celeste” cayó por errores inadmisibles. Muslera erró en todos los goles que encajó, añadido a que ante España jugó con una fiebre que el cuerpo médico no dijo a Bielsa.
Araújo y Canobbio dieron la cara ante Arabia y Cabo Verde. Ellos llegaron a titulares en la selección por el proceso del “loco”, de lo poco salvable en una selección que por nombres tenía que hacer un buen papel, pero todo ya iba torcido de antes. Que se lo pregunten a Ronald Araújo, convocado a su segundo Mundial y aún sin debutar por una lesión. El jugador no se pronunció, pero su hermano subió una historia a Instagram criticando los métodos de Bielsa, que destaca por pedir el 200% físico en los entrenamientos, aplicando el “se juega como se entrena”.
Pero el que más recalcó su conflicto con el técnico fue el capitán. No le llegaba a Fede Valverde con la que hizo en el Real Madrid con Xabi Alonso, que quiso también enfrentarse al técnico argentino. El conflicto explotó en el partido contra España. Tras un torneo gris, por decir algo, Bielsa en el minuto 55 para remontar el partido mete a Fede Viñas y saca al “8″. Al salir no mira al entrenador sentado en la nevera y decide irse directo a un miembro del staff para decir algunas cosas bajo la camiseta. Final más que decepcionante de un jugador que ha completado una temporada que debe hacerle reflexionar.
Todos culpables
Bielsa es culpable. Los jugadores han demostrado no estar y la federación ha preferido ahorrarse el finiquito a poner a un entrenador que pudiera aguantar a este grupo. ¿Y que hace la prensa? Quedarse con el dedo y no ver la luna. Los planteamientos del técnico están bien hechos, y los jugadores han cometido graves errores en el campo. El mejor ejemplo estuvo contra España.
Antes del lamentable espectáculo que dieron en la segunda parte, donde confundieron garra con violencia, ciertos jugadores querían otro planteamiento. Se dice que Rochet, Valverde, Araujo y Darwin pidieron hablar con Bielsa para pedirle que contra la “roja” planteara un partido defensivo, para salir a la contra. ¿Qué hizo el argentino? No hacerles caso, igualar a España y generar un partido de ida y vuelta en la que “la celeste” tuvo ocasiones peligrosas, rebatiendo así a sus propios jugadores, y solamente un error de Muslera fastidió el planteamiento.
No ayudó tampoco a la imagen del técnico las diferentes afrentas que realizó a la prensa. Entre el enganchón con el cámara y la ya histórica foto mirando a la nada porque “el no es un modelo” se puede hacer una buena disección de la situación actual. Al final estaba casi mirando al futuro, a lo que realmente podía suceder.
Mañana Marcelo Bielsa anunciará su marcha en una rueda de prensa en el estadio Centenario. Diga lo que diga, la prensa dirá que la culpa es suya. Que es un estafador, que cobra por encima de lo que realmente es, que toda su carrera se ha basado en fracasar en distintos equipos. Que está sobrevalorado… Pero lo que la prensa realmente detesta de él es que ha acabado siendo una figura que los medios no han colocado ahí.
Eso es lo que siempre ha pesado. Siempre ha visto a la prensa como un medio que cuanto más en desacuerdo esté con el “le enaltece”. No hay mejor técnico para explicar lo injusto que es el fútbol. Un mundo fuera de la realidad en el que viven los futbolistas, acostumbrados a los elogios y las palabras bonitas así como la incompetencia a la que pueden llegar unos dirigentes. A lo loco se vive mejor.






