Luis Milla, el gran ausente de una lista que parecía hecha para él

La Liga ya ha bajado el telón, la selección ha pasado página con su nueva convocatoria y, sin embargo, en el Coliseum sigue flotando la misma pregunta: ¿cómo es posible que Luis Milla, después del temporadón que ha firmado, no haya entrado en la lista de Luis de la Fuente? El mediocentro del Getafe ha sido uno de los pilares del equipo, un futbolista que ha elevado el nivel competitivo del grupo y que ha sostenido al equipo en los tramos más exigentes del curso. Pero la llamada no llegó. Y entender por qué exige mirar más allá del simple rendimiento.

Milla ha completado su mejor año desde que llegó al Getafe. Ha sido orden, criterio, personalidad y liderazgo silencioso. Ha manejado los ritmos, ha corregido, ha distribuido, ha aparecido en zonas calientes y ha dado una estabilidad que muy pocos centrocampistas de LaLiga pueden ofrecer. Su temporada, vista desde dentro, tiene aroma de internacional. Pero la selección no funciona solo por méritos individuales, sino por perfiles, jerarquías y continuidad.

Aquí entra en juego el tipo de centrocampista que De la Fuente ha priorizado. El seleccionador ha apostado por jugadores de gran despliegue físico, con capacidad para sostener presiones altas, llegar a área rival y romper líneas en conducción. Perfiles como los de Zubimendi, Fabián o Merino encajan en esa idea de un mediocampo más vertical, más agresivo, más orientado a la transición rápida. Milla, en cambio, pertenece a otra escuela: la del control, la pausa, la lectura táctica y el pase que mejora la jugada. Un futbolista que hace mejor a su equipo desde la inteligencia, no desde la exuberancia física.

Ese matiz, que en el Getafe es una virtud indiscutible, en la selección se ha convertido en un freno. De la Fuente ha buscado otra cosa. Y ahí Milla ha perdido terreno.

Hay otro factor que siempre pesa, aunque nadie lo verbalice: el contexto. El Getafe no es un club que viva bajo los focos mediáticos. Su fútbol, tan reconocible como poco vistoso, no siempre favorece a los jugadores que destacan desde la sutileza. Milla ha sido decisivo, sí, pero lo ha sido en un equipo que compite desde la solidez, desde el esfuerzo colectivo, desde un plan muy específico. Y eso, para un seleccionador que busca perfiles de impacto inmediato, puede generar dudas sobre el encaje.

Además, su rol en el Getafe, tan ligado a la estructura de Bordalás, no es fácilmente trasladable a un equipo que quiere ritmos más altos y transiciones más constantes. No es una cuestión de nivel, sino de idea de juego.

La paradoja es evidente. Milla ha hecho méritos de sobra, pero la selección ha priorizado otros matices. No es una injusticia deportiva, sino una decisión de perfil. De la Fuente ha buscado un tipo de centrocampista que no coincide con lo que Milla ofrece, por brillante que haya sido su temporada.

Aun así, su nombre ya está en el radar. Cuando un futbolista sostiene a un equipo como él lo ha hecho, la llamada puede tardar, pero no desaparece. Y en el Coliseum lo saben: Milla ya es uno de los suyos, un jugador que ha dado un salto adelante enorme y que ha sido símbolo de un curso que ha devuelto al Getafe a un lugar de prestigio.

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