¿Se trata al Getafe de la misma manera?

Hay estadísticas que explican un partido. Hay otras que explican una tendencia. Y después están aquellas situaciones que, aunque puedan analizarse una por una, terminan dejando una sensación difícil de ignorar. En este inicio de temporada, al Getafe le está ocurriendo algo que empieza a ser demasiado familiar: las jugadas polémicas siempre parecen caer del mismo lado.

Dos expulsiones, dos penaltis en contra y varias decisiones que han condicionado directamente los partidos. No se trata de decir que exista una conspiración contra el conjunto azulón. Se trata de hacerse una pregunta mucho más sencilla: ¿se está tratando al Getafe de la misma manera que a sus rivales?

El último capítulo llegó ante el Celta. Zaid Romero vio dos amarillas y dejó al Getafe con diez desde el minuto 67, en una expulsión que provocó el enfado de José Bordalás y que el técnico consideró injusta. Pero no es un caso aislado. La expulsión se suma a la de Kiko Femenía ante el Alavés, también después de intervención del VAR, en un partido que terminó con el Getafe jugando en inferioridad numérica desde el tramo final de la primera parte.

Dos partidos distintos. Dos acciones diferentes. El mismo resultado para el Getafe: jugar condicionado durante una parte importante del encuentro. Y cuando un equipo basa buena parte de su identidad en competir, resistir y llevar los partidos al límite, quedarse con diez jugadores cambia completamente el escenario.

A las expulsiones se añaden dos penaltis señalados en contra durante este comienzo de campeonato. De nuevo, no hace falta afirmar que las decisiones sean deliberadamente perjudiciales para reconocer algo: el Getafe todavía no ha encontrado ese pequeño margen de fortuna arbitral que también existe en el fútbol.

Porque las polémicas forman parte del juego. Un árbitro puede equivocarse. El VAR puede interpretar una acción de una manera u otra. Y, precisamente por eso, lo verdaderamente preocupante no es una decisión concreta. Lo preocupante es la sensación acumulada. Cuando las jugadas grises aparecen, el azulón casi siempre acaba siendo el lado perjudicado.

No es únicamente una percepción externa. Después del empate ante el Celta, Bordalás fue contundente: “Es evidente que no se nos trata de la misma manera”. El entrenador no suele esconderse cuando considera que algo no es justo. Y su mensaje vuelve a poner encima de la mesa un debate que acompaña al Getafe desde hace años: ¿se juzga al equipo por su manera de jugar antes incluso de valorar la acción concreta?

El Getafe es intenso. Compite cada balón. Lleva los partidos al límite. Pero eso no debería significar que cada contacto tenga una interpretación diferente dependiendo de quién lo protagonice. Porque una cosa es exigirle al Getafe que cambie aquello que hace mal y otra muy diferente es asumir que todo lo que ocurre en su contra forma parte del fútbol y punto.

Y aquí está la clave. El Getafe no necesita que los árbitros le regalen nada. No necesita penaltis que no sean ni expulsiones que no correspondan. Lo único que debería reclamar es algo mucho más básico: el mismo criterio para todos. Si una entrada merece amarilla, que sea amarilla. Si merece roja, que sea roja. Si hay penalti, que se señale. Y si no lo hay, que el VAR no convierta cada contacto en una oportunidad para intervenir.

Porque cuatro jornadas después, con dos expulsiones y dos penaltis en contra, es inevitable mirar el balance y preguntarse si la balanza está siendo demasiado pesada hacia un mismo lado. Y quizá esa sea la verdadera cuestión que deja este comienzo de temporada. No se trata de que al Getafe le den más. Se trata de preguntarse por qué, cuando llega el momento de decidir en las jugadas polémicas, casi nunca le toca recibir a él.

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