El tercer puesto conseguido por Bélgica en el Mundial de Rusia 2018 parecía el inicio de una etapa dorada. Aquel equipo, liderado por Eden Hazard, Kevin De Bruyne, Romelu Lukaku, Thibaut Courtois y Vincent Kompany, eliminó a Brasil en cuartos de final y firmó la mejor actuación de la historia de la selección. Ocho años después, aquel recuerdo sigue siendo el mayor éxito de los Diablos Rojos, pero también el punto de partida de una lenta decadencia.
Desde entonces, Bélgica no ha conseguido volver a competir por un gran título. En la Eurocopa de 2021 cayó en cuartos de final frente a Italia, mientras que el Mundial de Catar 2022 supuso un duro golpe para la denominada «generación dorada«. La selección quedó eliminada en la fase de grupos tras una única victoria y un ambiente marcado por las tensiones internas, lo que provocó el final de la etapa de Roberto Martínez y aceleró el relevo generacional.
El fin de la generación dorada
El proceso de reconstrucción tampoco ha sido sencillo. La Eurocopa de 2024 volvió a dejar dudas sobre el nivel competitivo del equipo, que fue incapaz de recuperar el protagonismo que había tenido durante la década anterior. La retirada o pérdida de peso de varios referentes obligó a Bélgica a iniciar un nuevo ciclo con una plantilla más joven y menos experimentada.
En este Mundial de 2026, el conjunto dirigido por Rudi Garcia ha vuelto a mostrar dos caras muy diferentes. La fase de grupos estuvo lejos de ser brillante, con actuaciones irregulares que alimentaron las dudas sobre el verdadero potencial del equipo. Sin embargo, cuando parecía al borde de la eliminación, Bélgica protagonizó una remontada memorable en los dieciseisavos de final. Perdía 2-0 frente a Senegal a falta de cinco minutos para el final y terminó imponiéndose por 3-2 en la prórroga gracias a los goles de Romelu Lukaku y Youri Tielemans, autor también del tanto decisivo desde el punto de penalti.
¿El comienzo de una nueva Bélgica?
Ahora, con los octavos de final por delante, Bélgica busca demostrar que aún puede competir entre las mejores selecciones del mundo. Lejos queda el dominio de la generación que maravilló en Rusia, pero el carácter mostrado ante Senegal invita a pensar que los Diablos Rojos todavía no han dicho su última palabra. La clasificación no borra los años de irregularidad, aunque sí ofrece una oportunidad para iniciar una nueva etapa y dejar atrás la larga sombra de 2018.






