El Getafe se lleva un aviso serio en Mendizorroza: todo lo que debe cambiar antes de Europa

El 3-0 ante el Alavés no es una derrota cualquiera. Es cierto que el partido quedó condicionado por la expulsión de Kiko Femenía, pero reducir lo ocurrido en Mendizorroza a esa tarjeta roja sería demasiado sencillo. El Getafe salió de Vitoria con tres goles encajados, cero puntos y, sobre todo, varias preguntas que deberá responder prácticamente de inmediato.

Porque el jueves no espera un partido cualquiera. Espera el Partizán de Belgrado en el Coliseum, en la ida de la eliminatoria decisiva de la Conference League. Y ahí el margen de error será mucho menor.

El Getafe consiguió mantener el 0-0 durante la primera mitad, pero el marcador no debía esconder las dificultades que estaba teniendo el equipo para imponerse al encuentro.

El duelo fue intenso, físico y cargado de interrupciones. El Alavés consiguió llevar el partido a un terreno incómodo y el Getafe no terminó de encontrar la manera de darle continuidad a su juego. El problema es que, cuando un equipo juega con fuego, cualquier detalle puede cambiarlo todo. Y ese detalle llegó en el minuto 41.

La expulsión de Kiko Femenía marcó por completo el encuentro. El lateral recibió inicialmente una amarilla, pero el VAR llamó al colegiado Manuel Jesús Orellana para revisar la acción sobre Abde Rebbach y la decisión terminó siendo roja directa. La jugada puede generar debate por la intervención del VAR y por la calidad de las imágenes mostradas al árbitro, algo que también provocó críticas durante la retransmisión.

Pero hay una conclusión que el Getafe debe sacar independientemente de la polémica: no puede permitirse quedarse con diez jugadores en un partido de este nivel. Kiko Femenía se equivocó en una acción que terminó condicionando 45 minutos. Y aunque el equipo consiguió resistir durante buena parte de la segunda mitad, jugar toda la segunda parte en inferioridad ante un rival que además estaba en casa era una situación demasiado difícil de sostener. La roja no explica por sí sola el 3-0, pero sí explica por qué el partido se rompió.

El Getafe aguantó. Y aguantó durante muchos minutos. Pero el Alavés terminó encontrando el camino. Nahuel Tenaglia abrió el marcador en el minuto 70 y, a partir de ahí, el conjunto azulón ya no consiguió reaccionar. Mariano Díaz, protagonista absoluto del encuentro con un gol y dos asistencias, puso el 2-0 y Mikel Rodríguez sentenció en el descuento.

Aquí aparece otro de los grandes aspectos que debe corregir el Getafe: la capacidad para competir cuando el partido se pone en contra. Una cosa es jugar con diez y otra muy distinta es desaparecer después de recibir el primer golpe. El equipo necesita mantener la concentración, proteger mejor el área y, sobre todo, encontrar soluciones ofensivas incluso en escenarios adversos. Porque en una temporada en la que el Getafe tendrá que competir en Liga y Europa, habrá muchos partidos que exigirán precisamente eso.

La mejor noticia para el Getafe es que el fútbol ofrece una oportunidad inmediata para reaccionar. El jueves, el Coliseum será el escenario del primer asalto ante el Partizán de Belgrado, después de que el conjunto serbio eliminara al Tobol con un global de 5-1. La ida se disputará en Getafe y la vuelta será el 27 de agosto en Belgrado.

Y ese encuentro exige una versión completamente diferente. El Getafe necesita recuperar solidez defensiva, concentración y agresividad bien entendida, pero también mejorar con balón. No puede vivir únicamente de resistir y esperar que el rival falle. La Conference League no permite regalar detalles. Una mala pérdida, una expulsión, una desconexión o un error defensivo pueden cambiar una eliminatoria entera. Por eso el partido ante el Alavés debe servir como aprendizaje y no como lastre.

Sería un error sacar conclusiones definitivas después de una sola jornada. El Getafe tiene toda la temporada por delante y la derrota en Mendizorroza no define lo que será el equipo durante los próximos meses. Pero sí ofrece una fotografía de los aspectos que deben mejorar cuanto antes. Más concentración. Más contundencia en las áreas. Menos errores evitables. Mayor capacidad para reaccionar. Y, sobre todo, controlar mejor las emociones en partidos que pueden decidirse por detalles. La temporada 2026/27 acaba de comenzar, pero el Getafe ya tiene delante una de esas semanas que pueden marcar el tono del proyecto. Primero toca levantarse del 3-0. Después, afrontar una eliminatoria europea que el club lleva años esperando.

El jueves no importará demasiado lo ocurrido en Mendizorroza. Pero sí importará muchísimo lo que el Getafe haya aprendido de ello. Porque la derrota ante el Alavés puede ser simplemente un mal comienzo. O puede convertirse en el aviso que necesitaba el equipo para entender que este año, con Europa de por medio, cada error tendrá un precio mucho más alto.

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