Las sombras del Mundial 2026: Infantino tapa lo que puede

El torneo arranca hoy sumido en problemas y polémicas provocadas por la administración Trump que el mismo Infantino busca tapar por sus intereses.
mundial balón

Hoy arranca la vigésima copa del mundo. La mayor competición deportiva. El júbilo que debería haber entre todo aficionado al fútbol abarca un mar de ilusión que siempre rodea un mundial, pero en las profundidades de ese océano están empezando a salir situaciones que nos vuelven a demostrar la flexibilidad política de FIFA y los intereses de Gianni Infantino

FIFA es esa organización que en el artículo 15.1 de su código ético habla de “neutralidad política” y aboga por la unión y la paz bajo su lema “Football Unites the World”. Pero debe algo unir más al mundo que el fútbol: el dinero. El escándalo de las sedes de los mundiales de 2018 y 2022 marcaron el camino del posterior uso del “soft power” y “sportswashing” que hemos visto ininterrumpidamente. Pero esto no es algo nuevo. FIFA y política siempre han ido de la mano a escondidas. Aquellas elecciones fueron la última obra de Joseph Blatter, la que acabó derivando en el posterior “FIFAgate” de 2015.

Blatter fue el alumno aventajado de João Havelange. El brasileño, hijo de un comerciante de armas belga, gestionó FIFA durante 24 años y fue el pionero del modelo de negocio que Blatter refinó e Infantino está llevando al extremo. El ex-presidente llegó al poder en 1974 usando una táctica que usa el actual: prometer más dinero a federaciones pequeñas expandiendo el Mundial (lo que hace ahora Infantino) y usar la selección brasileña como plataforma para conseguir votos a cambio de amistosos.

A su llegada la FIFA no tenía más de una decena de empleados. El plan de negocio elaborado entre Joao y Horst Dassler, hijo de Adi Dassler, el creador de Adidas, según cuenta Ken Besinger en su libro ‘Tarjeta Roja’ (Planeta), consistió en usar una empresa para gestionar los derechos de los eventos de FIFA y venderlos a corporaciones a cambio de patrocinios. Esto permitió lograr acuerdos rompedores para la época, como los 8 millones de dólares que Coca-Cola invirtió para ser el primer patrocinador exclusivo de la historia del deporte.

De estos barros, estos lodos, ya que aquella empresa fue acusada de sobornos y el fiscal suizo Thomas Hildbrand probó que entre 1989 y 2001 hubo transferencias dudosas a Havelange y su yerno Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña, por valor de 22 millones de dólares.

Tras querer derrocarle en 1994, Blatter tuvo la bendición de Havelange y le sucedió en 1998. Él mantuvo el resto de virtudes y defectos del anterior presidente, pero cometió un error: subestimó a Estados Unidos, que se llevaron por delante su mandato. Durante el gobierno de Barack Obama, el presidente apoyó la candidatura para organizar el Mundial de 2018 o 2022. Esto incluyó cartas y reuniones con Blatter, que a meses de comunicar las sedes vía llamada le diría al presidente que “estaría difícil” organizarlo. 

“Lo difícil” se cumplió. Rusia y Catar se llevaron las candidaturas. La humillación que sintieron los americanos motivó todo lo que pasó después. Blatter se había reído de uno de los pilares geopolíticos que veía cómo un país de 2,8 millones de habitantes le quitaba un torneo. Joseph se había ganado un enemigo, el mismo que impulsó el “FIFAgate”. El FBI investigó a Blatter y “tiró de la manta” en el organismo regulador del fútbol. Esto provocó una revolución de su sucesor, Gianni Infantino, que con su ambición pasó de contar chistes en sorteos de la UEFA a ser el “King of Soccer”, como es categorizado por Trump.

Infantino llegó gracias a la injerencia americana, e históricamente ya sabemos que sucede cuando algún país va en contra de los estadounidenses. El fútbol busca abrirse paso en el deporte americano, y Gianni está haciendo todo lo posible para ir de la mano de Trump, aunque en teoría debe ser “neutral”. Es el mejor ejemplo de “fuerte con el débil, servil con el poderoso”

Al igual que en Catar, sierve a los dirigentes políticos, en este caso Trump. Desde reunirse con el en Mar-a-Lago a establecer su residencia en la Torre Trump, donde la FIFA abrió una oficina y paga un alquiler a la empresa del presidente. A todo esto hay que sumar el sorteo de diciembre en Washington. Infantino quería celebrarlo en Las Vegas, pero los allegados a Trump se hicieron cargo del centro Kennedy, donde se acabó siendo aquel evento… bizarro. 

Cantó Andrea Bocelli, el favorito de Trump, que recibió un inventado premio de la paz (que 29 días después demostró que merecía montando una operación para derrocar al gobierno venezolano y, semanas después, uniéndose a Israel para lanzar misiles contra Irán) en una ceremonia que acabaría con los Village People cantando “YMCA”, canción convertida en himno MAGA. Además, el presidente de FIFA días después participó en la “Board of Peace”, un ente que Trump inventó para desacreditar a la OTAN por no dejarle anexionarse Groenlandia. A Infantino no le importa ser como en la portada de L’Equipe, el “títere” de Trump. Aunque hincó la rodilla hasta el final por su servilismo y una desmedida sed de poder, no ha tenido poder político.

Cuando Estados Unidos entró en la carrera para organizar este campeonato los visados fueron tema de discusión. Aunque son un obstáculo importante para acceder al país, Infantino garantizó que no sería un problema para cualquier aficionado que quisiera ver a su combinado nacional. Prometió y no cumplió. FIFA ha tenido que declarar que “no participa en los procesos de inmigración de los anfitriones, ni adjudicaciones de visas”, algo que hasta hace unos años era motivo para no celebrar un Mundial.

“Es obvio que, en lo que respecta a las competiciones de la FIFA, cualquier equipo que se clasifique para el Mundial —incluidos aficionados y directivos— debe poder entrar en el país; de lo contrario, no hay Mundial”, decía Infantino en 2017. Pues lo va a haber, y el presidente de FIFA ha intentado salir del paso como ha podido, ante la pregunta de un periodista de la BBC sobre si ha perdido el control, se ha puesto a hablar del mundial femenino que se celebrará en 2035 en Reino Unido y ha dicho que estén “chill”. “¿Te parecería normal que la FIFA dictara al gobierno británico quién tiene que dejar entrar y quien no? Igual te parece normal. A mí me gustaría, pero la realidad es que cada país tiene un gobierno. Intenta entrar en otros países sin visa. Nuestro mundo es agresivo, la seguridad está por encima de todo y debes respetar las decisiones que se toman. Cuando digo “chill” no digo que no vayamos a hacer nada, sino que confiad en nosotros. Estamos trabajando entre bastidores para conseguir la situación más positiva posible.”

FIFA ha buscado soluciones durante estos años para permitir a los viajeros tener facilidades. Todas las propuestas fueron rechazadas, dando igual que mandara Biden o Trump. Infantino ha buscado ser servil para tener alguna concesión, pero Estados Unidos no es Catar. No necesita lavar su imagen a toda costa y permite influir en política. Infantino propuso un procedimiento como el de Catar, conocido como el “Hayya” pass, y posteriormente idearon una visa que permitiera viajar a las 3 sedes con libertad, pero los criterios eran estrictos. FIFA sabe que no son la prioridad, y que la “seguridad nacional” está por delante. El año pasado, recién llegado al poder, estableció que viajeros de 12 países no entrarían en el país da igual la visa. Entre estos estaban Somalia, Congo y Haití

Sobre Somalia Trump siempre ha tenido “buenas” (entiéndase la ironía) palabras: “apenas es un país. No tienen nada. Solo corren por ahí matándose entre ellos. No hay estructura”, declaró el presidente estadounidense, que días después del sorteo del Mundial autorizó una operación del ICE en Minnesota, lugar con una gran comunidad de somalís. Hubo disturbios y se había creado un campo de batalla, pero eso poco le importó a Trump, ya que para él Estados Unidos “iría en el camino equivocado si seguimos cogiendo basura en nuestro país”. El presidente además puso la guinda declarando que “deberían retornar de dónde vinieron.” 

Aquí aparece Omar Artan, árbitro somalí que en 2025 recibió el premio de la confederación africana a mejor colegiado. Iba a cumplir su sueño, ser 1 de los 7 árbitros elegidos para pitar la copa del mundo, siendo además el primer somalí. Pues su sueño se acabó truncando tras 11 horas de entrevista en las que se le prohibió entrar al país. El arbitró tuvo que volver a su Somalia natal, donde fue recibido como un auténtico héroe.

La gente se ha escandalizado con este suceso, tildándolo de “racista”, algo que hasta ha hecho pronunciarse a la ex-primera dama Hillary Clinton

Pero de nuevo en declaraciones a Sky, el director de la Casa Blanca para el Mundial Andrew Giuliani, lo basó en seguridad nacional. “Cualquiera que esté en comunicación con malvados actores que busquen hacer daño a los Estados Unidos no se les dejará entrar. No permitiremos que un torneo de fútbol, por muy grande que sea, amenace la seguridad de los americanos”. Cuando el periodista le preguntó por esos presuntas comunicaciones, Giuliani escapó. Básicamente, Artan por ser somalí fue vinculado con organizaciones terroristas.

El árbitro somalí no ha podido entrar, al igual que aficionados de esos países “prohibidos”, que jugarán sin aficionados nativos en las gradas. Algunos, de forma sorprendente, como los escoceses

Aficionados que han pagado casi 5.000 dólares de depósito para viajar han visto cómo han perdido todo ese dinero porque a última hora sus visas ya no valían, en un proceso que, justo cuando se espera un mayor flujo de viajeros, ha endurecido sus procedimientos. 

Irán llega en el puesto 21 del ranking FIFA, pero eso no importa por lo que sucede fuera del campo. Al viajar a un territorio “enemigo”, Estados Unidos no ha decepcionado. A última hora, fruto del revoque de las visas, viajaron a la embajada de EEUU en Ankara, Turquía, para revisar los trámites para entrar. Y tendrán condiciones. A última hora el gobierno no les ha permitido establecerse en Tucson, Arizona. Tras una mediación, se les permitirá estar solo durante los días de partido en el país y su campamento base será en Tijuana, al sur de la frontera, en México. Irán juega los 3 partidos en Estados Unidos, por lo que estará moviéndose en lo que será un agravante deportivo que, a mayores, ha provocado que a última hora se queden sin entradas para sus aficionados.

Además, 15 miembros del staff no pudieron entrar al país y no podrán viajar a los partidos por su rechazo de la visa, destrozado la preparación. Solamente han podido organizar un amistoso contra el equipo juvenil de los Xolos de Tijuana. No han tenido el respaldo de FIFA y, a mayores, han sido expedientados por el propio organismo, ya que en su aterrizaje en Tijuana cada miembro de la expedición llevó un pin con el número 168, homenajeando a los niños que fueron asesinados en un colegio por Estados Unidos. Al ser considerado un mensaje político se les ha abierto un expediente.

No solo los iranís tuvieron exhaustos controles. Otras selecciones como Senegal o Uzbekistán han pasado por esos filtros de seguridad, lo que demuestra que el gobierno de los Estados Unidos no ve en FIFA un aliado que a la hora de la verdad tenga poder de decisión, y que, sumado al escándalo ya mencionado con las entradas, hacen que realmente esta copa del mundo pueda quedar en el olvido y ser de las peores de la historia, a pesar de los intentos de Infantino y Trump que dicen que será la más grande.

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