Montilivi quiere ser el gran bastión de la permanencia

El Girona se prepara para una de esas noches que pueden marcar el rumbo de todo un proyecto. Montilivi recibirá a la Real Sociedad en un partido que hace tiempo dejó de ser solo una jornada más de Liga. La clasificación aprieta, la zona baja arde y el conjunto de Míchel afronta una auténtica final por la permanencia en medio de uno de los escenarios más tensos que se recuerdan en Primera División.

Los gerundenses llegan a la cita ocupando la decimoctava posición con 39 puntos, aunque la igualdad convierte cada jornada en una montaña rusa constante. Hasta cinco equipos arrancaban la previa empatados con esos mismos 39 puntos y nueve clubes continúan atrapados en una pelea salvaje donde apenas tres puntos separan media zona baja. Un contexto que obliga al Girona a vivir permanentemente al borde del precipicio.

Por eso, el duelo ante la Real adquiere una dimensión enorme. Una victoria no certificaría todavía la salvación, pero sí supondría un paso gigantesco hacia la permanencia. Mucho más después de haber frenado parcialmente la caída en Vallecas con un empate agónico que evitó otra derrota dolorosa. Allí volvió a aparecer Stuani, el hombre que lleva años sosteniendo emocionalmente al equipo cuando más lo necesita.

Y el uruguayo volverá a forzar la máquina. El delantero apenas ha podido entrenar durante la semana por el golpe en la rodilla que arrastra y tendrá que infiltrarse nuevamente para estar disponible. Una situación que simboliza perfectamente el momento que atraviesa el Girona: sufrimiento, urgencia y compromiso absoluto de sus líderes.

La otra gran noticia para Míchel será el regreso de Bryan Gil tras cumplir sanción. El extremo vuelve justo cuando el equipo más necesita desborde, imaginación y capacidad para romper partidos cerrados. Porque si algo ha castigado al Girona en las últimas semanas ha sido precisamente su dificultad para generar peligro de manera constante.

Durante toda la semana, Míchel ha insistido en la necesidad de competir con agresividad, personalidad y energía. El técnico sabe que el aspecto emocional jugará un papel decisivo y espera que Montilivi actúe como un empuje constante cuando aparezcan los nervios. Porque aparecerán. El Girona lleva meses instalado en una tensión competitiva asfixiante. Después de escapar de un arranque de temporada muy delicado y llegar incluso a respirar con cierta tranquilidad, el equipo ha vuelto a caer en una dinámica angustiosa que ha reactivado todos los fantasmas.

Enfrente estará una Real Sociedad que tampoco atraviesa su momento más brillante en Liga, aunque sí compite con mucha menos presión sobre los hombros. Los donostiarras encadenan cinco jornadas sin ganar y vienen de empatar ante el Betis, pero la tranquilidad clasificatoria y el impulso emocional de su reciente conquista copera les permiten afrontar el tramo final desde una posición mucho más estable.

Eso sí, el equipo txuri-urdin sigue siendo uno de los conjuntos más incómodos de enfrentar de toda la categoría. Intensos en la presión, agresivos sin balón y muy capaces de castigar cualquier error rival. Además, recuperan futbolistas importantes como Karrikaburu y Zubeldia, aunque perderán a Óskarsson por sanción.

El recuerdo de la primera vuelta invita a pensar que el Girona puede competirle perfectamente. Los catalanes asaltaron Anoeta gracias a un doblete de Tsygankov en uno de sus partidos más completos lejos de casa esta temporada. Pero el escenario ahora es completamente distinto. Mucho más pesado emocionalmente. Mucho más difícil de gestionar desde la cabeza.

Míchel lo resumió perfectamente durante la previa: este tipo de partidos terminan definiendo la historia de un club. Y el Girona llega a esta cita sabiendo que no solo se juega tres puntos. Se juega seguir perteneciendo a la élite. Se juega sostener todo lo construido durante los últimos años. Y se juega demostrar que, incluso bajo presión máxima, todavía tiene fuerzas para resistir.

Compartir:

Últimas Noticias

Opiniones