Del calvario en Nápoles al rescate de Bélgica

Tras una temporada marcada por lesiones, dudas y apenas un gol con el Nápoles, Romelu Lukaku ha vuelto a ser decisivo con Bélgica en el Mundial
Romelu Lukaku dejó atrás una temporada marcada por las lesiones para convertirse en el héroe de Bélgica con un gol decisivo ante Senegal en el Mundial

Romelu Lukaku llegó al Mundial lejos de su mejor versión. No solo en lo físico, también en lo mental. El delantero belga venía de una temporada prácticamente perdida en Italia, marcada por una grave lesión en el recto femoral del muslo izquierdo durante la pretemporada con el Nápoles, que le mantuvo alejado de los terrenos de juego hasta enero de 2026.

Cuando parecía empezar a recuperar sensaciones, una recaída muscular entre marzo y mayo terminó de sepultar su campaña. El resultado fue demoledor para un futbolista acostumbrado a vivir del gol. Apenas un tanto con el conjunto italiano en toda la temporada y demasiadas dudas alrededor de su futuro.

Incluso el propio Lukaku reconoció antes del duelo ante Senegal que se sentía agradecido por estar en el Mundial. Tras un curso tan complicado, con lesiones, falta de continuidad y desencuentros con su entrenador, el delantero llegó a considerar que quizá no debía haber formado parte de la convocatoria.

Un gol que cambió la eliminatoria

Lukaku comenzó el partido ante Senegal desde el banquillo, pero su entrada tras el descanso terminó siendo decisiva. Bélgica estaba contra las cuerdas, perdiendo 0-2 en el minuto 85 y prácticamente eliminada del Mundial. Entonces apareció él.

El máximo goleador histórico de los Diablos Rojos aprovechó un centro tras un error en la salida de balón de Senegal para marcar el 1-2 y devolver la vida a una selección belga que parecía completamente fuera del torneo. Su celebración, pidiendo cabeza y ánimo a sus compañeros, reflejó el peso emocional de un futbolista que sabía perfectamente lo que significaba ese gol.

Apenas tres minutos después, Bélgica empató el partido con el tanto de Tielemans y terminó culminando la remontada en la prórroga desde el punto de penalti. Lukaku no lanzó el penalti decisivo. Lo hizo Tielemans. Y el propio delantero explicó después el motivo: todavía atraviesa “un período difícil a nivel mental”. Un gesto de honestidad poco habitual en un futbolista acostumbrado a convivir con la presión, la crítica y las expectativas.

El goleador que Bélgica siempre necesita

El gol ante Senegal no fue el primero de Lukaku en este Mundial. Ya había marcado en la goleada ante Nueva Zelanda en la última jornada de la fase de grupos, un tanto que además le permitió convertirse en el máximo goleador de Bélgica en la historia de los Mundiales.

Con seis goles en cuatro Copas del Mundo, Lukaku sigue ampliando una relación histórica con su selección. Y lo hace, además, con unos registros que muchas veces no reciben el reconocimiento que merecen. Su promedio goleador con Bélgica es de 0,71 goles por partido, superior al de nombres como Robert Lewandowski, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo con sus respectivas selecciones. Un dato que contrasta con la percepción que durante años ha acompañado al delantero belga, muchas veces señalado con una dureza que sus números difícilmente justifican.

Un Mundial para cambiar su futuro

La Copa del Mundo también puede tener consecuencias directas en su futuro. Con contrato con el Nápoles hasta junio de 2027, Lukaku llegaba al verano en una situación complicada. El club italiano estaba dispuesto a escuchar ofertas, pero la realidad del mercado no parecía acompañar.

Sin embargo, el Mundial está cambiando el escenario. Sus goles, su liderazgo desde el banquillo y su capacidad para aparecer en momentos decisivos vuelven a colocar su nombre en el escaparate internacional. Lukaku no está viviendo el Mundial más brillante de su carrera, pero sí uno de los más significativos. Porque después de una temporada casi vacía, marcada por lesiones, dudas y fragilidad emocional, el delantero ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer, aparecer cuando Bélgica más lo necesitaba.

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