La Copa del Mundo de 2026 ha encontrado su mayor foco de polémica lejos del terreno de juego. La decisión de la FIFA de retirar la suspensión a Folarin Balogun, expulsado en el partido de dieciseisavos de final frente a Bosnia, ha provocado una oleada de reacciones que trascienden el ámbito deportivo y han situado al organismo en el centro del debate.
El delantero estadounidense podrá disputar el encuentro de octavos de final frente a Bélgica después de que la Comisión Disciplinaria aplicara el artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA. La sanción no desaparece, sino que queda suspendida durante un periodo de prueba de un año. Si el futbolista comete una infracción de gravedad similar durante ese tiempo, deberá cumplir tanto la sanción pendiente como la correspondiente al nuevo incidente.
La resolución ha generado una fuerte controversia por tratarse de una medida inédita en una expulsión durante un Mundial. A ello se suma la información publicada por varios medios estadounidenses, entre ellos The New York Times, que aseguran que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contactó con Gianni Infantino para solicitar que Balogun pudiera jugar los octavos de final. Horas después de conocerse la decisión, Trump celebró públicamente el fallo de la FIFA calificándolo como «una gran injusticia corregida«.
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— The White House (@WhiteHouse) July 5, 2026
La protesta de Bélgica
La respuesta desde Bélgica no tardó en llegar. Su seleccionador, Rudi García, ironizó afirmando que desconocía que «el 5 de julio se hubiera convertido en el Día de los Inocentes«. Más contundente fue la Federación Belga, que emitió un comunicado en el que cuestionó la legalidad de la resolución. El organismo sostiene que el Código Disciplinario y el Reglamento del Mundial establecen que una tarjeta roja implica automáticamente la suspensión para el siguiente encuentro y anunció que estudia todas las vías posibles para impugnar la decisión.
El recuerdo de Garrincha
Aunque muchos consideran que se trata de un caso sin precedentes, la historia ofrece un episodio similar. En el Mundial de Chile 1962, Garrincha fue expulsado en semifinales, pero recibió una amnistía que le permitió disputar la final con Brasil. Aquella decisión también estuvo rodeada de presiones políticas y diplomáticas.
Más de seis décadas después, el denominado «Caso Balogun» vuelve a poner sobre la mesa el delicado equilibrio entre la aplicación del reglamento y la influencia de factores externos. Más allá de quién avance a cuartos de final, la decisión de la FIFA ha abierto un debate que probablemente marcará el futuro disciplinario de los grandes torneos internacionales.






